sábado, 31 de diciembre de 2016

Una reivindicación y una maldición


(23 de octubre de 2015)


Buenos días.
Reivindico mi derecho autoral a que mi obra no se altere, ni en todo ni en parte, tanto ahora como cuando haya muerto. Antes de que se edite o reedite una obra mía alterada, prefiero que permanezca inédita o se olvide para siempre. Si esto sucediera contra mi voluntad, incluso después de muerto, le pido desde aquí (a través del tiempo y el espacio) a cualquier lector potencial que denuncie la alteración y que no compre dicho producto reelaborado por terceros, sea cual fuere la justificación moral, literaria o comercial.
Si mi obra necesita “pequeñas adaptaciones” para “llegar a un nuevo público”, o bien porque “ortográfica y estilísticamente está obsoleta y no se entiende”, o si hay que eliminar referencias que puedan resultar ofensivas, poco constructivas (o abiertamente destructivas), y molestas para quien sea, mi decisión está clara: mi obra no se altera, porque es mía.
Es mía porque la he creado yo. Me respalda un derecho moral universal, que es el derecho al reconocimiento de la paternidad de la obra y el derecho a preservar la integridad de la obra.

En el Convenio de Berna de 1886, se especificaba que
“1) Independientemente de los derechos patrimoniales del autor, e incluso después de la cesión de estos derechos, el autor conservará el derecho de reivindicar la paternidad de la obra y de oponerse a cualquier deformación, mutilación u otra modificación de la misma o a cualquier atentado a la misma que cause perjuicio a su honor o a su reputación”.

Pero también se decía que
“2) Los derechos reconocidos al autor en virtud del párrafo 1) serán mantenidos después de su muerte, por lo menos hasta la extinción de sus derechos patrimoniales, y ejercidos por las personas o instituciones a las que la legislación nacional del país en que se reclame la protección reconozca derechos. Sin embargo, los países cuya legislación en vigor en el momento de la ratificación de la presente Acta o de la adhesión a la misma, no contenga disposiciones relativas a la protección después de la muerte del autor de todos los derechos reconocidos en virtud del párrafo 1 anterior, tienen la facultad de establecer que alguno o algunos de esos derechos no serán mantenidos después de la muerte del autor”.

Como este segundo párrafo me deja completamente desprotegido tras mi muerte (porque las lesgilaciones cambian a conveniencia), desde aquí, yo MALDIGO a cualquier heredero que deforme, mutile o modifique mi obra, y aprovecho para reivindicar mi derecho al pataleo preventivo.
Quiero añadir que los derechos morales descritos más arriba —a pesar del segundo párrafo del artículo 6bis de la Convención de Berna—, se consideran inalienables, irrenunciables, inexpropiables y no prescriben.

Y ahora, damas y caballeros, pueden llamarme rancio, retrógrado, reaccionario (o si lo prefieren, algún calificativo de tipo político y relacionado con la ultraderecha más extrema) porque me parezca mal que defienda MI derecho y el de TODOS LOS AUTORES VIVOS O MUERTOS a que su obra no se altere, y que no se altere significa que no la altere un editor, ni la persona que ostente los derechos legales sobre dicha obra, ya sea un heredero o un holding empresarial. (Y añado lo mismo para las obras cuyos derechos de reproducción son de propiedad pública. Respecto a esto último, y por si no me he explicado bien: usted no puede publicar Drácula de Soker y decir que el libro lo ha escrito usted).
Post Data: Si es usted autor y no está de acuerdo conmigo, y considera que le importa un bledo lo que le suceda a su obra cuando usted haya fallecido, le recuerdo que las alteraciones de la obra de un autor también se producen en vida (es un fenómeno muy curioso este, y recibe tradicionalmente el nombre de “censura”. Todavía existe y hoy está muy vigente, aunque usted no lo crea. Y ya no lo ejercen sólo los curas. A la censura y a los ajustes y pequeños cambios se apunta todo el mundo). Y que si está usted de acuerdo en que se realicen dichas alteraciones sobre la obra de un autor muerto (por los más diversos motivos, pero sobre todo si se realizan por cuestiones de corrección política), es posible que en algún momento acabe apoyando que se alteren obras de autores vivos —y contra su voluntad, pues si no, no tiene gracia—, puede que “en nombre del Bien Común”, “por motivos comerciales”, “para llegar a un nuevo público”, o simplemente, para no ensuciar la mente de los niños (que quizá usted considere una mente infinitamente maleable y susceptible de sufrir daños irreversibles por la influencia de lecturas políticamente incorrectas).
…aunque seguro que usted no apoyará NUNCA que se altere la obra de un autor vivo contra su voluntad, ¿verdad?
¿Verdad?
¿Verdad…?






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viernes, 30 de diciembre de 2016

Harry Dickson versus Baal (y II)




“Tenía los ojos cerrados y la cara lívida. Todo su ser estaba experimentando una transformación monstruosa. Crecía visiblemente y su cabeza adquiría enormes dimensiones. Se le hincharon las mejillas y una máscara infernal se dibujo sobre su faz. 

—¡Las manos! —chilló Charley Niggins—. ¡Miren sus manos! 

Se habían vuelto gigantescas, como una espantosa tripa dilatada hasta límites desmesurados. 

—¡Baal! —exclamó Harry Dickson, paralizado por el horror. 

De repente, el monstruo vaciló, se replegó sobre sí mismo, se deshinchó y cayó pesadamente al suelo”.



Jean Ray, La calle de la cabeza perdida 
(una aventura de Harry Dickson), enero de 1938


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jueves, 29 de diciembre de 2016

miércoles, 28 de diciembre de 2016

El mejor momento para escribir una historia

"The best time to write a story is yesterday. The next best time is today. By tomorrow you may have lost something." R.A. Lafferty, 1979



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martes, 27 de diciembre de 2016

Harry Dickson versus Baal (I)


"Sin que se supiera exactamente de dónde había salido, una cosa se alzó sobre los bordes de la cornisa ayudada de dos muñones informes, rematados por unas garras afiladas. Enseguida apareció un hocico salido de las tinieblas, una especie de rostro de escorpión desmesuradamente grande. Los ojos apenas eran visibles, ocultos entre los pliegues de una negra y aceitosa piel, pero unas fauces fantásticas hendían lo que debía servirle de cabeza. Momentos después, con una ligereza inesperada en una masa tan informe, la criatura saltó al medio del sendero rocoso, haciendo temblar la roca bajo su peso.
En verdad no suscitaba más ideas que negrura y fealdad".

Jean Ray, El lecho del diablo (una aventura de Harry Dickson), noviembre de 1935


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lunes, 26 de diciembre de 2016

Referencias holmesianas de ayer y hoy (VI)


(10 de julio de 2016)

José Luis González Martín apunta un insólito avistamiento sherlockiano:

"Una nueva entrega de Sherlock Holmes is everywhere, mientras leo El vampiro azul", me dice José Luis.


El vampiro azul es un número de la larguísima serie anónima El Sheriff, protagonizada por Arizona Jim y escrita por algún o algunos anónimos autores españoles. Es nuestro Weird Western más antiguo (hasta que se demuestre lo contrario). Y es un prodigio a descubrir y reivindicar: monos, extraterrestres, sectas, monstruos, robots, Fu Manchú, científicos locos y, claro, vampiros... todo en el Oeste.
Y Holmes, por supuesto. Siempre el omnipresente, omniversal Sherlock Holmes.
 
El fragmento con referencia sherlockiana en El vampiro azul, por cortesía de José Luis González.



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sábado, 24 de diciembre de 2016

DOS OBRAS TEATRALES FANTÁSTICAS DE LORD DUNSANY, EN CASTELLANO Y EN INGLÉS

Edward John Moreton Drax Plunkett, XVIII Barón de Dunsany

Os traigo dos obras de teatro del creador de Joseph Jorkens, publicadas originalmente en dos números de la revista Cuba contemporánea. Se trata de Los dioses de la montaña (The Gods of the Mountain), que es un clasicazo del teatro fantástico. Copio y pego la sinopsis que he encontrado en el blog “El Espejo Gótico”:
"En Los dioses de la montaña (The Gods of the Mountain) siete pordioseros se hacen pasar por siete ídolos verdes de una colina distante, y gozan de comodidades y honores en una ciudad de adeptos hasta que escuchan decir que los verdaderos ídolos han desaparecido de sus pedestales. Se les menciona haber visto al atardecer una visión muy poco elegante -"las rocas no deberían caminar en el crepúsculo", y al fin, mientras esperan la llegada de un grupo de bailarinas, notan que los pasos que se acercan son un poco más pesados de lo que debieran ser. Entonces los hechos se precipitan, y finalmente los presuntos blasfemos son convertidos en verdes estatuas de jade por las mismas efigies vivientes cuya santidad habían violado. Pero el mero argumento es el último mérito de esta obra maravillosamente efectiva”.


La edición que tenéis aquí, en pdf, está extraída de las páginas del nº141 de la citada revista (de septiembre de 1924), en traducción del doctor Luis A. Baralt y Zacharie. Existe una traducción al castellano anterior, obra de Rafael Nieto, publicada en Cultura, volumen 10, número 5 (México, 1919), que incluía otra obra teatral de Dunsany, La sentencia dorada. Al parecer, se trata de la primera traducción de Dunsany en lengua española, tal y como nos indica Edmundo Valadés en su introducción al volumen Cuento Contemporáneo nº41:
“Un mexicano bien enterado en su tiempo, principios del siglo xx, de lo nuevo en literaturas extranjeras, Rafael Cabrera, presenció en Nueva York el montaje de dos obras de Dunsany: Los dioses de la montaña y La sentencia dorada, advirtiendo la sorpresa estética que le habían producido por su originalidad y simbolismo. Con un prólogo suyo entusiasta, se publicaron en 1919 en un tomito de la colección Cvltura. Fue la primera traducción, la primera introducción de Dunsany al idioma español”. (Ver http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php…)
La traducción de Rafael Nieto se reeditó en México en 1983 (ver http://www.worldcat.org/…/dioses-de…/oclc/58391791/editions…)


La otra obra que traemos es El rey Argimenes y el guerrero desconocido, texto original de 1911, en traducción del doctor Francisco José Castellanos para Cuba contemporánea nº 152 (agosto de 1925). Esta obra también es fantástica, de acuerdo con el Diccionario Akal de Teatro.
Me consta que existe traducción al castellano de La puerta reluciente, pero no he conseguido encontrar el texto. Sobre esta obra, Valadés (op.cit) nos dice lo siguiente:
“Su primera comedia, The Glittering Gate (1909), fue escrita a petición de Yeats, para el Abbey Theatre, de Dublín; obra característicamente extraña, que trata de dos ladrones que intentan entrar en el cielo, de forma que a veces anticipa el futuro teatro del “absurdo”.”
Que las disfrutéis, amigos.







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viernes, 23 de diciembre de 2016

Sergio Bleda y el Gang de los Monstruos


(19 de septiembre de 2015)

Cuando leo entrevistas que le han hecho a Sergio Bleda, nunca me encuentro con esas preguntas clave, trascendentales, que son las que (me consta) a él le encantaría responder, como "¿podrías explicarnos el origen creativo-científico del Dinosaurio Momia"? o "¿por qué son tan importantes las cosas que no existen?" Y los entrevistadores rara vez le dan ocasión para contar la consideración de su hijo acerca de las máquinas del tiempo, que según el jovencísimo Jorel, deberían llevar incorporadas una lavadora. "Y es que una cosa es ser viajero del tiempo, y otra ser un guarro", afirma Sergio de forma tajante.
En fin, querido hermano, pongámonos manos a la obra y traigamos a este mundo un puñado de esas cosas que no existen. (Ah, si supieran TODO lo que nos traemos entre manos...)



(23 de diciembre de 2015)

Sergio ha realizado prácticamente todas las portadas de los libros que edito y le ha dado forma, color y textura a mis diversas aproximaciones al universo del 221b de Baker Street. Tanto da si se trata del Holmes que viajó al Tibet, a la Meca y a Ondurmán, o un Holmes anciano, o incluso un tenebroso Holmes que ha pasado a mejor vida... pero sigue entre nosotros. Maravilloso, el trabajo de Sergio.












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jueves, 22 de diciembre de 2016

Referencias holmesianas de ayer y hoy (V)


(30 de octubre de 2015)

Una mañana de hospitales bien merece una pequeña recompensa: encontrarte (casi que por la calle, y por un eurete) uno de esos libros que siempre has querido tener... y leer. Se trata de la que, según David Munsey, es la mejor novela de la serie The Man From U.N.C.L.E. Y en castellano. Y de vampiros. Y con Forry Ackerman de por medio...


(10 de noviembre de 2015)
 
De El asunto del vampiro (The Vampire Affair) de David McDaniel; Barcelona: Editorial Ferma, 1967; colección El Agente de C.I.P.O.L. nº6.





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miércoles, 21 de diciembre de 2016

"Edén", de Stanislaw Lem


(27 de noviembre de 2015)

La narración de Arthur Gordon Pym de Poe; La esfinge de los hielos de Verne; En las montañas de la locura de Lovecraft, ¿Quién está ahí? (La cosa) de John W. Campbell jr.
Y Edén (1959) del maestro Stanislaw Lem, que ha resultado ser la más lovecraftiana de las novelas de este caballero (al menos, de las que yo he leído) y, repito, tiene una ingente cantidad de puntos en común con la citada At the Mountains of Madness (1936) de Lovecraft. Un siglo de estos escribiré un articulito sobre este asunto.
(Y si echan un ojo a las portadas que posteo, me dirán si esto es o no es lovecraftiano...)












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martes, 20 de diciembre de 2016

Curtis Garland y el abuelo de Doc Savage


(3 de agosto de 2015)


"Era un auténtico coloso. De elevada estatura, aunque no gigantesco, sino armoniosamente alto, su contextura era ciclópea. Poderosos manojos de músculos se arracimaban bajo una piel bronceada, marcándose como si estuvieran tallados en acero o en bronce puro. Las manos, poderosas, de dedos como piezas de metal, aparecían juntas, unidas por unas esposas que le privaban de la libertad. Lucía solamente un chaleco de piel de serpiente, sin abrochar, por encima de su torso desnudo, hercúleo. [...] Se movía con una rara agilidad, casi felina, a pesar de su tremenda potencia física".
  Donald Curtis

José Luís González Martín me señaló esta novela de Donald Curtis que estoy leyendo ahora, y estoy seguro de que alguno de los habituales que se pasan por aquí habrán reconocido en esta descripción a un antepasado del doctor Clark Savage, Jr., concretamente a uno de sus abuelos.
Por lo que veo, Juan Gallardo Muñoz (Curtis Garland, Donald Curtis, etc. etc.) no escribió una, ni dos novelas distintas con este mismo título, sino al menos tres, y una de ellas (no la nuestra) es de ciencia ficción... (Hay que añadir un Weird Western de Curtis y de título casi idéntico). A ver si conseguimos 7 y hacemos algo (ejem) con este fantástico material...





Otros "Exterminadores" de Juan Gallardo Muñoz:










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lunes, 19 de diciembre de 2016

Referencias holmesianas de ayer y hoy (IV)


Carlo Frabetti, en su brevísima introducción a "Segunda Fundación" de Isaac Asimov* (Bruguera, Barcelona, 1979).

*Asimov fue investido como Baker Street Irregular en 1973, y abandonó la sociedad en 1990 tras la muerte de Julian Wolff.




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sábado, 17 de diciembre de 2016

Una pequeña cuestión de justicia


(7 de marzo de 2016)

Por una pequeña cuestión de justicia:
Los lectores NO SON LOS CULPABLES ni del cierre de librerías, ni de las ventas de cada autor, ni de la crisis de la industria editorial. En el sector hay montones de culpables (y me atrevo a decir que algunos de ellos, además de imprimirlos, transportarlos, venderlos, editarlos o escribirlos, también leen libros ocasionalmente), pero NO SE TRATA DE LOS LECTORES.
Los lectores no inventaron el ebook ni los precios imposibles para el ebook, ni la oferta inabarcable de ebooks con precios asequibles. Los lectores QUE COMPRAN libros no dejan de pagar su porcentaje al autor y a las partes implicadas, ni incumplen contratos editoriales. Los lectores no publican más libros de los que puede asumir el mercado. Los lectores no deciden qué títulos se distribuyen y cuáles no. Los lectores no clonan los escaparates de las librerías para que sean virtualmente idénticas, y tampoco ofrecen los mismos productos que la sección de libros de un centro comercial. Los lectores no dejan de leer a un autor porque sea minoritario, sino porque no saben que existe. Los lectores no escriben libros ni los editan sin el más mínimo cuidado, y tampoco hacen malas promociones de sus productos (por el contrario, todas las promociones que hacen los lectores, sobre todo el boca a boca, son buenas).
Los lectores, en España al menos, cada vez son más. Y cada vez se les culpa de más cosas.




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