domingo, 22 de enero de 2017

Nuevos maestros del horror y terror

(22 de enero de 2016)

Pues me acabo de enterar de que soy parte del temario de un curso que se está impartiendo en la UNAM (la Universidad Autónoma de México) y que se llama "Nuevos maestros del horror y terror". Los pobres estudiantes que se metan en este show van a tener que leerse cosas de King, Barker, Campbell, Martin (el G.R.R.), Lansdale, Simmons, Laymon, Masterton, Newman (el bueno de Kim), ¡Gahan Wilson!, Max Brooks, Joe Hill, Brian Keene, y de amigos como Félix Palma Macías, Jose Luis Zarate y Carlos Sisi... y el relato "La mercancía", de servidor de ustedes, que se publicó en el volumen Nadie lo sabrá nunca (2005) y más tarde en la antología Aquelarre (Salto de Página, 2010).
Vivir para ver.


http://ec.filos.unam.mx/2015/08/24/nuevos-maestros-del-horror-y-terror/



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sábado, 14 de enero de 2017

La lista de los 7 (2006)

Hace diez años, los amigos de la librería Estudio en Escarlata (Madrid) me pidieron que elaborara una lista de mis siete novelas favoritas. Les entregué el siguiente texto, que estuvo colgado en su web o en su blog durante varios años, aunque ahora el texto ha desaparecido.
Tenga el lector en cuenta que esta lista es, repito, de diez años atrás. Si tuviera que hacerla ahora (y puede la que haga), probablemente sería distinta.
Aunque no demasiado

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La lista de los 7
por Alberto López Aroca

Asumo que la antigua conseja tópica de “el libro que te llevarías a una isla desierta” queda descartado para siempre por motivos lógicos: ¿para qué te vas a llevar sólo un libro, si vas voluntariamente a una isla desierta por tiempo indefinido? ¿Por qué no mil libros? Y ya puestos, el DVD y las cartas para jugar al póker con los monos, las náufragas, o quien se tercie.
Siete libros es ya una cantidad más respetable (insuficiente todavía), y por ahí se puede tirar del hilo y desenredar la madeja.
Una cosa más: los títulos de esta lista son susceptibles de segundas lecturas, sin decepciones ni traumas posteriores.

Sin orden ni concierto:

La luna de los asesinos, de Richard Stark (Donald E. Westlake). Es la novela número 16 de la serie de Parker, el Tarzán urbano creado por Westlake en The Hunter, alias Point Blank, alias A quemarropa, alias Payback. La mejor de la serie hasta la fecha, y una de las pocas (tres, si no me equivoco) que se han traducido a castellano. ¿Por qué los editores pierden el tiempo en Ferias internacionales cuando las novelas de Parker están inéditas? ¿Eh?

El mundo perdido, de Arthur Conan Doyle. El mejor libro de aventurillas, dinosaurios y disparates que se puede leer (sólo le anda a la zaga Viaje al Centro de la Tierra, de Verne). Sólo el creador de Sherlock Holmes pudo perfeccionar al profesor Otto Lidenbrock y convertirlo en el gigante de la barba de toro asirio que vino en llamarse George Edward Challenger. Nadie debería morir sin haber leído esta novela.

La sangre de los King (King Blood), de Jim Thompson. A mi parecer, la obra maestra del Maestro Thompson, incluso mejor que 1.280 almas y El asesino dentro de mí. Otra que tal baila: una sola edición, que yo sepa, en Bruguera, y de eso hace ya no sé cuántos años. El Far-West visto por Thompson, con indios, vaqueros, y la violencia más extrema que me haya podido echar nunca a la cara. No me cabe la menor duda de que el gran Barry Gifford tiene este libro bajo la cabecera y le echa un vistazo de vez en cuando. Obra maestra.

Las historias naturales, de Juan Perucho. La mejor obra del difunto escritor catalán es esta novela de vampiros, ambientada durante las guerras carlistas, y que desprende ciertos aires vernianos. Único en su especie, y por supuesto, obligatorio.

El siciliano, de Mario Puzo. ¿Es un biopic, o un monumento a la Historia de la Mafia Siciliana? Y lo que es más, ¿importa? Si Puzo se superó a sí mismo alguna vez, fue con esta Vida de Salvatore Giuliano, o como dice mi padre, “El Robin Hood Siciliano”. Lo diré una sola vez: mejor que El Padrino.

A Feast Unknown, de Philip José Farmer. Por desgracia, esta novela sigue inédita en nuestro país. Por desgracia, forma parte de una serie más larga que el señor Farmer, de Peoria, Illinois, nunca concluyó (aunque todavía está a tiempo). Por desgracia, la crítica ha enterrado esta obra entre la prolija producción de Farmer. Por desgracia, a muchos puretas no les hizo gracia enterarse del tamaño de los penes de Tarzán y Doc Savage. Una novela excepcional, y más que recomendable.

La llave de cristal, de Dashiell Hammett. Vamos a ver, vamos a ver, la clásica discusión: ¿cuál es la mejor obra de Hammett? Yo me quedo con esta, y no porque los hermanos Cohen la fusilaran vilmente en esa obra maestra que es Muerte entre las flores —sin acreditar el original, claro—, sino porque me da la gana.


La piedra lunar, de Wilkie Collins. Cuando Sherlock Holmes puso a caldo a Dupin y Lecocq en Estudio en Escarlata, se olvidó del Sargento Cuff... o bien, no lo consideraba un chapucero. Esta novela del amiguete de juergas de Charles Dickens es una de esas joyas de la literatura con las que, tarde o temprano, inevitablemente, uno se ha de encontrar.


Creo que he contado mal: esto son ocho libros. Y eso que no he mencionado El sabueso de los Baskerville, Las Memorias de Maigret, Drácula, Los Tres Impostores, Amadís de Gaula, Novecientas Abuelas, La investigación del difunto Stanislaw Lem, y ni un solo tocho de Stephen King.
Otra vez será.


(Publicado originalmente en la web de la librería Estudio en Escarlata en julio de 2006)
 
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viernes, 13 de enero de 2017

"Pueblos malditos en la literatura" (2015)


El 30 de octubre de 2015, a las 20:00, en el Museo del Romanticismo de Madrid y dentro de la Semana Gótica, se celebró un pequeño contubernio de Occult Doctors (Javier Jiménez Barco, Óscar Mariscal y el que esto suscribe) para hablar sobre "Pueblos malditos en la literatura". Como ya ha pasado más de un año y un montón de charlas, presentaciones y mesas redondas, y mi memoria no es lo que era, n puedo garantizar que lo que diga en adelante sea preciso, cierto o, sencillamente, real. Aunque pudo suceder así.
Durante una hora hablamos de la cartografía lovecraftiana habitual (Arkham, Dunwich, Innsmouth, etc.), de la de Stephen King (Castle Rock, Derry, etc.), y de la de otros muchos autores. Creo que esa tarde pasamos por Midwich (donde los cuclillos) y por Stepford (donde las esposas). También echamos un vistazo a Argleton (que usted tendrá que buscar, pero con cierto cuidado, en Google) y a Brigadoon (en Escocia, quizá cerca de cierta casa situada un tanto... ¿cómo decirlo...?, "al borde"). Hubo paseos por Irem la de los Pilares, pues no le hacemos ascos a las ciudades del desierto, y anduvimos por Egipto y el Tibet. Quizá mencionamos Camford (¿quién sabe?) y algunos rincones perdidos del río Amazonas.
Habría que preguntar al resto de los ponentes y a los asistentes. Quizá ellos se acuerden de algo más.


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jueves, 12 de enero de 2017

Sobre los Sherlock Holmes alemanes (más conocidos como “Memorias íntimas de Sherlock Holmes”)

Cuando esta serie empezó a publicarse en Berlín, en enero de 1907, el editor de las obras de Conan Doyle en Alemania (Robert Lutz, cuya editorial radicaba en Stuttgart) se puso en contacto con los responsables de DETEKTIV SHERLOCK HOLMES UND SEINE WELTBERÜHMTEN ABENTEUER y logró que, al menos, se eliminara el nombre de Holmes de la portada (aunque la colección siguió apareciendo hasta 1911). A finales de 1907, cuando la serie empezó a traducirse al francés de la mano de Fernand Laven bajo el título de “Les dossiers secrets de Sherlock Holmes”, la editorial Pierre Lafite, que ostentaba los derechos de Conan Doyle en Francia, puso una queja, y la colección de Laven pasó a titularse "Les dossiers secrets du roi des détectives". Duró tan sólo 16 números.

En España, era Vicente Blasco Ibáñez quien tenía los derechos de la obra de Conan Doyle y había publicado todas las historias de Sherlock Holmes en su editorial. Cuando varios ejemplares de la versión francesa del Holmes alemán, apócrifo e ilegal cayeron en manos de Blasco Ibáñez en 1908, el editor y escritor español supo que tenía que hacer algo al respecto. Así que los tradujo y los publicó en la colección La Novela Ilustrada, en dos volúmenes. Los tituló “Recuerdos de Sherlock Holmes”, y puso en portada el nombre de A. Conan Doyle.



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miércoles, 11 de enero de 2017

ADÈLE BLANC-SEC (y diversos pterodáctilos, y las aventuras de ¿Edith?)

(Publicado originalmente en el anterior emplazamiento del blog Cuaderno de bitácora del Matilda Briggs, el 28 de julio de 2010).
No son muchos los críticos que han comparado las andanzas de la escritora, periodista y aventurera francesa Adèle Blanc-Sec (n. 1890) con las crónicas que el doctor John Watson realizó de las hazañas de Sherlock Holmes, aunque algo de esto hay. En realidad, más que una relación directa con el Maestro de Baker Street, encontramos cierta semejanza entre el asunto de Adèle y la bestia (recogido por el historietista Jacques Tardi en 1976) y el desenlace de El Mundo Perdido (del periodista Edward Malone, editado por Arthur Conan Doyle): En ambas crónicas, un pterodáctilo sembraba el caos en una gran urbe europea. Si el saurio volador de Londres cruzó el Atlántico de manos del profesor Challenger en 1894 (ver “La conexión Friesland”, del presente autor, incluido en el cuaderno holmesiano Sherlock Holmes y lo Outré), el de París eclosionó de un huevo prehistórico en el Muséum d'Histoire Naturelle en noviembre de 1911. No entraremos en detalles, pues la saga de Adèle Blanc-Sec está siendo reeditada en España (a los amigos de las cronologías, los emplazo a visitar este trabajo), y por si esto fuera poco, el director Luc Besson se encargó recientemente de dirigir una adaptación de las crónicas de Adèle a la gran pantalla. Aquí pueden ver ustedes una muestra de ese trabajo que, con suerte, veremos pronto en nuestro país.






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Una curiosidad, ajena a todo esto: En 1984 apareció en España un tebeo en blanco y negro, con una espeluznante portada, titulado PTERODÁCTILO: Las extraordinarias aventuras de Edith (Ediciones Finhaxel). Supongo que fue mi padre quien metió ese extrañísimo álbum en mi casa, y pasaron algunos años hasta que descubrí que existía un álbum de la colección CIMOC COLOR (creo que el primero), que contenía ese mismo tebeo, con sus colorines, y el nombre de la protagonista transmutado mágicamente por el de Adèle Blanc-Sec. Aún más tarde, en Valencia, creo recordar, mi amigo Sergio Bleda consiguió otro ejemplar de PTERODÁCTILO, y ahora sí, quedó bien claro que aquello era una edición pirata del tebeo de Tardi. Qué marcianada, ¿verdad?




COMENTARIOS ORIGINALES:


Luis Miguez

Luis Miguez dijo

Tan sorprendente y raro es el tema de la edición pirata del tebeo de Tardi como espeluznante es su portada, y como espantoso, a juzgar por los trailers que llevo vistos, va a ser el filme en cuestión. En fín.

sherlockholmes

sherlockholmes dijo

Bueno, bueno... ya estamos como siempre... Habrá que esperar a ver la peli, ¿no? No vaya a ser que esté bien... (Aunque para eso, habría que esperar a que se estrenase en España, ¿verdad?)

SSB

SSB dijo

Espeluznante la conversación con proyección de haikus del AVE entre el Sr. Ortega y el Sr. Bob atravesando la Manchuela, y sin café ni almuerzo.
Aunque sí con peterodácatilos.


Birdy Edwards

Birdy Edwards dijo

A mi el cómic me encanta, y la película tengo unas ganas enormes de verla.
Offtopic, genial la serie Sherlock de la BBC, de Moffat, al menos el primer episodio : "A Study in pink "

Evil Preacher

Evil Preacher dijo

Fui a verla en cuanto la estrenaron aquí (a mediados de abril) y, pese a que siempre intento no juzgar antes de contar con todos los elementos, me había hecho ilusiones, olvidando la desafortunada elección de la actiriz.
Resultó ser un batiburrillo de los cuatro primeros álbumes sin demasiado interés. Como meten, a demás del pterodáctilo, las momias y demás, los elementos fantásticos no llegan a quedar justificados por la acción.
El personaje de Adèle, valiente, testarudo e inteligente, en la película es estúpido e insoportable, conserva la testadurez, pero porque se obceca en la ya citada estupidez. Se diría que Besson no ha entendido para nada los tebeos.

sherlockholmes

sherlockholmes dijo

Señor SSB:
¿Haikus? ¿Y sin almuerzo...?

Amigo Pajarraco:
Me pasarán esta semana el Sherlock de Moffat. Prometedor, sin duda. (¿Estudio en Rosa? Huy...)

Estimado Predicador:
Nosotros tendremos que ser pacientes, pues no sé para cuando se supone que la estrenarán en España. En cualquier caso, sus comentarios no son muy alentadores... Una pena.
Y sí, seguro que el señor Besson no ha entendido ni papa. Tampoco es una cosa tan rara, ¿verdad?

Saludos a todos (y mucho, mucho calor),
ALA


Luis

Luis dijo

Por cierto, me acabo de acordar de que Adèle Blanc-Sec se presentaba en esta historia bajo el nombre falso de Edith Rabatjoie...
En cuanto al películo, aunque no lo haya visto conste que yo he dicho "a juzgar por los trailers", con lo cual... Pero vamos, que si ya nos dice el señor Preacher que no hay tu tía, pues me lo voy creyendo...
5 Agosto 2010 | 05:06 PM





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martes, 10 de enero de 2017

"Han matado a Parkinson", de Jean Ray


(8 de marzo de 2014)

Para desintoxicarme de pastiches sherlockianos, ¿qué mejor que leerme un buen y viejo Harry Dickson, como Han matado a Parkinson?
Circo, feria de monstruos, dioses ancestrales perdidos en la noche de los tiempos, flechas de oricalco, sociedades secretas, damas misteriosas...
Al ver la portada de la edición española de Júcar de 1972, uno jamás se imaginaría que en el interior del libro se ocultan tantos prodigios y hazañas sin cuento del Sherlock Holmes americano (que vive en Londres, en Baker Street...)
(Nótese la diferencia entre la cubierta original y la de la edición española...)





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lunes, 9 de enero de 2017

Keeler News nº85 (febrero de 2016)

(10 de febrero de 2016)

No es la primera vez que aparezco en la portada de alguna publicación, pero sí es mi primera vez en la portada de una publicación que para mí es VERDADERAMENTE IMPORTANTE: se trata del número 85 de "Keeler News", magazine no sólo virtual -pues tiene su edición en papel-, fundado en 1997 y realizado por el gran Richard Polt -presidente de la Harry Stephen Keeler Society- desde Cincinatti (Ohio).
Si usted no sabe quién es Harry Stephen Keeler... bien, pues ponga su nombre en Google. O busque en el trastero un ejemplar de "Noches de Sing Sing", "Las gafas del señor Cagliostro" o "El misterioso señor Yo".
Un honor y un placer.
Lo podéis ver online o descargar en este enlace: http://bit.ly/20LZFmr



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sábado, 7 de enero de 2017

659.079 palabras

(20 de junio de 2014)


Arthur Conan Doyle dedicó unas 660.000 palabras (659.079, según el contador de mi Word) a lo que hoy se conoce como “El Canon de Sherlock Holmes”, esto es, cuatro novelas y cincuenta y seis relatos cortos publicados a lo largo de casi 40 años (entre marzo de 1886, fecha en que empezó a escribir Estudio en Escarlata, hasta marzo de 1927, que es cuando apareció su última aportación holmesiana).
No tengo ni idea de cuántas palabras le he dedicado yo al Gran Detective, pero por el momento he escrito tres novelas (bastante

más largas que El sabueso de los Baskerville, por ejemplo) y una corta, así como tres cuadernos con estudios y pastiches sobre el mismo tema, y un ladrillo de más de 600 páginas con ensayos bibliográficos y reseñas críticas también dedicados a Holmes, además de diverso material relacionado y desperdigado en otros libros. La primera novelita de cierta extensión que escribí en mi vida estaba dedicada a Conan Doyle y era un claro homenaje a la primera obra sobre el Maestro de Baker Street.
Todo esto, desde la aparición de la primera parte de mi Estudio en Esmeralda en febrero de 1997 hasta hoy, es decir, hace 17 años.
Por supuesto, también he escrito otras muchas novelas y relatos que poca relación guardan con el universo que existe en torno al 221b de Baker Street.
No obstante... no obstante...

¿...debería decir “ya está bien de Sherlock Holmes” y desearle un nuevo paseo por las cataratas de Reichenbach, o al menos un retiro completo en la vieja casita en Fulworth?
A veces pienso que sí.
Y no obstante... no obstante...
...no obstante, y si he de ser sincero, creo que me quedan algunas cosas que decir sobre este inglés estirado y perspicaz que arroja tanta luz a su alrededor como sombras proyecta su figura. Un par de cosas. Quizá tres o cuatro. Puede que cinco o incluso seis.
Quizá tenga en la cabeza suficientes historias como para, digamos, unos 23 años más.
Eso, por supuesto, si el tiempo lo permite.
Y si el lector, siempre amigo, sigue pasando las páginas.

(Y ya que estamos, este es el enlace de mi tienda virtual... ¿o pensábais que no lo iba a poner? http://albertolopezaroca.blogspot.com.es/)




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viernes, 6 de enero de 2017

Feliz, feliz no-cumpleaños, señor Sherlock Holmes (un año más...)

(Publicado originalmente en la anterior ubicación de esta bitácora, el 6 de enero de 2014, y también el 6 de enero de 2015. No nos cansamos de reflotar este post, que también está recogido en Sherlock Holmes en España).

El Sherlock Holmes del cumpleaños espúreo.

La nada confiable y absolutamente arbitraria Wikipedia en español, cuyos bibliotecarios (con esta palabra se denominan a sí mismos estos redactores de equívocos) hacen y deshacen a su antojo sin más rigor que sus criterios subjetivos, nos dice en la sección “Biografía” de la entrada correspondiente a “Sherlock Holmes”:

Ateniéndonos a las pautas de textos de Doyle, Sherlock Holmes nació el 6 de enero de 1854”.

Y continúa de la siguiente manera:

Su padre era un hacendado inglés y su madre descendía de una estirpe de pintores franceses, entre ellos el ilustre Vernet, primo de su abuela. Tiene dos hermanos: Mycroft, del cuál Sherlock siempre ha dicho que es más listo que él pero que "no posee ninguna ambición ni energía"; lo que Sherlock entiende como un oficio -deducir cosas a partir de minúsculos detalles- Mycroft lo ve como un simple pasatiempo. Trabaja como coordinador general e informador interno de los asuntos del gobierno británico y es miembro ilustre del Club Diógenes. Y Sherrinford, el mayor de los tres, que es rara vez mencionado y conocemos muy poco de él, aunque muchos expertos han confirmado su existencia dado que es muy probable que, dada la época, el primogénito se llamara igual que el padre: Sherrinford”.


Todo este montón de divertidos disparates no canónicos procede, por supuesto, de una misma fuente: el magnífico volumen Sherlock Holmes de Baker Street de William S. Baring-Gould (1962), que no sólo muchos lectores, sino también demasiados autores pasticheros, toman como punto de referencia para realizar sus respectivos trabajos.

No es este el lugar adecuado para explicar de dónde sacó Baring-Gould las diversas informaciones teóricas (hipotéticas y espúreas) acerca de la familia Holmes y su infame tercer hermano (no es “rara vez mencionado”, como dice el wikipedista de turno, sino que ¡jamás aparece en el Canon!). Pero sí nos gustaría explicar de dónde surge la idea de que Sherlock Holmes nació un día 6 de enero (puesto que la aceptada pero inexacta o, al menos, indemostrable fecha de 1854, nace de la afirmación del anónimo narrador de “His Last Bow”, quien afirma que Holmes aparentaba sesenta años en 1914).

El responsable de este pequeño despropósito, que ha obligado a docenas de Irregulares de Baker Street a desplazarse al Algonquin Hotel de New York en una fecha tan problemática como los primeros días de enero de cada año desde 1934, fue el gran estudioso sherlockiano Christopher Morley (uno de los fundadores de los BSI, una organización que, hasta mediados de la década de 1990, sólo admitía miembros de sexo masculino, por si a alguien le interesa saberlo; en respuesta a esta nada sutil discriminación, las damas sherlockianas fundaron el grupo de las Adventuresses of Sherlock Holmes).

La temprana (y peregrina) teoría de Morley venía a decir lo siguiente: a lo largo del Canon, Sherlock Holmes cita a Shakespeare en diversas ocasiones (hasta 14 obras distintas, debemos añadir), pero sólo hay una obra que cite dos veces: Twelfth Night (Noche de Epifanía), que es nuestra Noche de Reyes. Así que, Holmes nació el 6 de enero. Y punto. (Por cierto, que el famoso “The game is afoot” del Maestro, que se ha convertido en leit motiv identificativo y obligatorio en cada pastiche, es en realidad una cita textual de Enrique V, acto III, escena 1ª).

También se da la circunstancia de que Felix, el hermano del señor Morley, nació un 6 de enero. Feliz coincidencia. Y el siempre astuto (y creativo) señor Baring-Gould añadió su granito de arena al argumentar que, al comienzo de El valle del terror (un 7 de enero por la mañana), Sherlock Holmes está “irritable”. ¿Y por qué? Porque la noche anterior tuvo una celebración y tenía resaca. ¿Y cuál pudo ser esa celebración? Adivine el lector qué sugiere Baring-Gould...

Algunos BSI, como el actor Paul Singleton, proponen que se cambie la fecha de dicha celebración por algún día menos problemático (quizá en el mes de mayo, por motivos prácticos), pero la tradición dictada por Morley se sigue a rajatabla. Hasta el punto de que este dato arbitrario se ha perpetuado y aficionados a la figura del Maestro de Baker Street lo celebran y comparten por todo lo ancho y largo del mundo (sobre todo, en Facebook).

En fin...

Sí, es cierto que Sherlock Holmes conocía bien la obra de Shakespeare, y que durante “La aventura de la casa vacía” le dijo al coronel Moran que “Journeys end in lovers’ meeting” (del acto II de Noche de Epifanía). Pero creo que no hay que ser un prodigio de erudición shakespeariana para decir en el momento oportuno, como hizo Holmes en El signo de los cuatro y dirigiéndose al inspector Athelney Jones, “All is well that ends well” (del acto IV de Noche de Epifanía).

O sea, “bien está lo que bien acaba”.


Sherlock Holmes un día 6 de enero de cualquier año, no celebrando su cumpleaños.

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(Una vez establecido este minúsculo asunto, puede el lector proceder a la lectura del Canon. Si le apetece, puede hacerlo EN ORDEN, tal y como explicamos en este artículo...)


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jueves, 5 de enero de 2017

Joshua Chamberlain en Jerusalem

(21 de julio de 2016)

Tuve la suerte de que mis padres me permitieran leer todo lo que me diera la gana, sin censura alguna. No sé si confiaban demasiado en mi criterio o siquiera si se planteaban que un niño pudiera tener criterio a la hora de elegir lo que ahora llaman "lecturas adecuadas"; de lo que sí estoy seguro es que no creían que un tebeo o un libro, aunque contuviera monstruos y violencia, pudiera hacerme daño. A fin de cuentas, sólo se trataba de ficciones.
Mis padres estaban en lo cierto. Los tebeos y los libros nunca me hicieron daño alguno, ni siquiera esos que tenían la leyenda "sólo para adultos" en la portada. Y por supuesto, yo tenía un criterio muy claro, y que sigo manteniendo: si el libro o el tebeo me aburría, lo abandonaba y cogía otro.

En el enlace pueden leer ustedes la carta de un chaval de 9 años a Alan Moore, y la respuesta de, en palabras de Joshua Chamberlain, "el mejor autor de la historia de la humanidad".
http://www.lettersofnote.com/2016/07/you-are-best-author-in-human-history.html


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